
Hoy nadeando he tomado una decisión. Voy a invertir. Como suena. Pensado, dicho y hecho, he adquirido una parcela de cielo. Es un cielillo, porque claro no se puede hablar de terrenillo, de 2 x 2 x ∞, con mucha luz (sobre todo de día) y orientado al … coño! pues al cielo.
Mi primera decisión, ya como propietario, ha sido vallarlo. Lo vallaré con mi mirada y a cobrar peaje. Toda criatura, asteroide o artefacto que por ella circule tendrá que permitirme observarlo, incluso si es menester, hasta fotografiarlo. De hecho ya he empezado a cobrarlo: un vencejo a pagado, por lo menos dos minutos; a los estorninos les sale más barato ya que suelen cruzarlo por la vía rápida en trazados rectilíneos o tangenciales; el verdecillo es más, mas… mas reivindicativo, se acerca al borde protesta con sus retailas para al final nada, de nada, no hay negocio (espero que no cunda el ejemplo).
De momento sólo funcionará de día, y es que ya se sabe que los negocios que empiezan no dan para andar contratando a nadie, que por otra parte, bien visto, puede motivar a la clientela, la gratuidad nocturna digo, estrategia de mercado.
Los fines de semana tendrá tarifas especiales, más caras y los días de lluvia será gratuito, un poquito de humanidad por favor.
También he pensado conceder algunos privilegios: el sol, por ejemplo, no tendrá que pagarlo (él no lo sabe, pero es que aunque quiera cobrarle no podría); a las estrellas, cuando abra de noche, les hare precio especial por venir en grupo.
Lo que todavía no he encontrado es la manera de liquidar con las ideas que me cruzan cuando tengo el negocio abierto. En fin, tendré que revisar los estatutos.
Seguiré informando de la marcha del negocio.
Atentamente,
L.C.S.,s.a.